lunes, 20 de enero de 2014

El fin de la vida

 
 
Esta semana se han alineado los planetas para acercarme de nuevo hacia el misterio de la muerte. Dos personas cercanas a mi de corazón han perdido a su padre y otra más no ha pasado aún su duelo, eso añadido a que la lectura que tenía entre las manos era "Martes con mi viejo profesor" ha hecho que me parara a reflexionar sobre este tema.
Perdí a mi padre hace más de tres décadas y no pasa un solo día en que no vea su destello en mil detalles: en la música que le apasionaba, en una risa por la calle, en una casa singular que habría llamado su atención, en el agua caliente que sale con presión de la ducha cada mañana, en el momento mágico de meterse en la cama tras un día pleno, en su caída de ojos tan característica que ha pasado de generación en generación y que hemos heredado hijos, nietos y bisnietos, en su sentido del humor, su talento y creatividad ... pero el regalo más grande que me ha dejado es ese colchón de amor que hace que cualquier golpe de la vida quede amortiguado y no rompa. Ese ha sido su legado, todo lo demás es pasajero, la felicidad verdadera proviene del corazón. Me hubiera gustado convivir mucho más tiempo con él, freírle a preguntas, pedirle mil consejos, pero en el fondo sé que lo más importante lo tengo ya, la sensación de haber comido caliente.
Hoy puedo convivir con la muerte, no me asusta, menos aún la mía. Si la vida tiene un fin, un sentido, la muerte es parte del ciclo. Dejar sitio para los siguientes habiendo querido a rabiar. Y que sea por muchos años!