sábado, 14 de diciembre de 2013

Vista



Es cierto, no había escrito hasta ahora sobre ese sentido. Me he puesto a pensar porqué y he llegado a la conclusión de que ha sido en parte por pudor. Disfruto observando y temo que me desenmascaren...

-Me fascinan los colores del atardecer, una de mis primeras palabras fue "crépuscule"
-El polvo en suspensión en un rayo de luz que se cuela por la ventana
-Las perlas de rocío sobre la hierba fresca por la ventana
-La sangre que palpita imperceptiblemente en las venas bajo la piel
-El brillo de una melena al viento
-Las pupilas que se dilatan y contraen durante la conversación
-La niebla atrapada entre los árboles al amanecer
-la felicidad de un gato durmiendo al sol
-La espuma rizada de una estela en el mar
-La paleta cromática de Ibiza
-La Fragua de Vulcano, las Hilanderas, el claroscuro, el plisado de los ropajes de la Venus de Milo
-Los cielos velazqueños en invierno
-El aura que envuelve el contorno de tu rostro
-La explosión del otoño, los almendros, los cerezos, la lavanda en flor
-El agua en todas sus formas, explosiva, sinuosa o escarchada
-Las oscilaciones cromáticas del fuego
-El universo fascinante del fondo marino
-El frío magnetismo de la luna
-Los tomates maduros en la mata mezclados entre los pimientos y las aromáticas en flor
-El estuco, el encalado, la mica en el granito, las vetas de la madera
-Las nubes, ay las nubes!
-Las arquivoltas, las gárgolas, los capiteles
-Un plato exquisito que anticipa unos fuegos artificiales gustativos
-El vuelo de unas manos expertas sobre el teclado de un piano, sujetando hábilmente un arco o deslizándose virtuosas sobre un lienzo o un tejido
-Me encantan observar a los pitirrojos y las golondrinas. A los perros jugando en la playa en invierno

Pero lo que de verdad me alimenta son las emociones, captar ese momento fugaz en que la alegría, la ternura, la compasión, embriagan y se desata un lenguaje no verbal. Leer entre líneas, silenciar el resto de sentidos para ver la verdad clara y nítida. Me siento a veces como una espía, colándome entre bambalinas. Ese gesto que dura apenas un instante, una caricia, una sonrisa, una mirada cómplice, lo cazo y lo meto en la hucha.
Cuando ya conozco una nueva ciudad, me siento en un banco y me quedo muy quieta hasta volverme invisible y voy haciendo acopio de todo lo que me rodea, una ladrona de imágenes y momentos que llevarme conmigo.
Es el único de mis sentidos que a veces falla, que se satura y se nubla. Cuando no puede más se colapsa y me obliga a cerrar los ojos y reconectar conmigo misma, intensificando los cuatro restantes. Por eso probablemente lo había dejado en el tintero. Me paro ante ese excesivo impacto visual, desconecto y me evado para volver a la luz a través de las pequeñas bellezas sencillas. Tendré que aprender a reconciliarme con este sentido embaucador y empezar a tomar decisiones con los ojos abiertos.