jueves, 16 de febrero de 2012

Aguadora

Lo primero que impacta al llegar a la India es su olor. Una mezcla de naftalina (que evita que proliferen roedores y cucarachas por los desagües) especias, basura e incienso. Aromas tan intensos e inhabituales que penetran y se pegan a la pituitaria, preludio de los contrastes que se encontrarán a lo largo del viaje.
Con una población tan gigantesca, llama la atención que cada persona tiene su pequeño oficio, por humilde que sea. Una aguadora a la entrada de la Puerta de India, sentada en el suelo con cuatro vasos y un cubo,

Un sastre callejero, cuya tienda no es más grande que un armario empotrado, limpiabotas, picatickets, barrenderos, vendedores ambulantes que llevan su pequeño cargamento a cuestas varios kilómetros y que agudizan el ingenio para vender un zumo de lima o de caña en cualquier rincón.

Muchas veces desde la mayor de las pobrezas, incluso desde la miseria, pero con una dignidad y una elegancia muy difícil de encontrar en otra parte del planeta.

País de extremos y contradicciones, como en esta boda en la que frente al hermoso ritual cargado de símbolismo destaca una novia de ojos enrojecidos por el llanto. Desgarrada ante un futuro en el que abandonará su hogar natal para mudarse a casa de un marido que le dobla la edad y al que apenas conoce.

Los templos y paisajes que inspiran serenidad y paz. La mirada profunda y directa de los indios,sobre todo de los niños, el juego del regateo, el mordisco en el estómago cada vez que uno sube a un coche y se juega literalmente la vida sorteando rickshaws, vacas, motos con cuatro pasajeros, bólidos en sentido contrario... Habría que inventar un videojuego con el tráfico en Bombay, sería un éxito asegurado y una descarga de adrenalina garantizada!

Violencia y meditación, derroche y pobreza y esta pequeña celda donde vivió Mahatma Gandi: un colchón, una rueca, un escritorio y una nutrida biblioteca para llevar a un pueblo inmenso a la independencia sin emplear la fuerza.

Astronómicas diferencias entre ricos y pobres, pero en todos entusiasmo y ganas de trabajar
como una gran colmena en donde cada uno conoce su función. Un panal multicolor plagado de ruidos, de colores, de dramas y de vida.

¡Qué aburrida debe paracerles nuestra previsible cotidianedad occidental, sin olores punzantes, situaciones imprevisibles o sabores especiados e intensamente picantes!
Pero ante todo la India es un país de emociones, que hace vibrar en una mezcla de maravillosa belleza y profunda injusticia, deseas quedarte y amarla y a la vez marcharte de allí cuanto antes y olvidar. Pero eso ya no es posible. Te vas impregnada de sus aromas, de su delicadeza, de sus paisajes, de sus sarees multicolores, soñando con volver a caer en el embrujo.




Y con la ardiente experiencia de sentarse a su mesa.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Febrero

Febrero, ese mes en el que me gusta cerrar los ojos mientras silba el viento fuera y solo apetece guarecerse del frío y revivo ese día de verano, la piel tostada por el sol y mis tres polluelos cerca, muy cerca...