lunes, 28 de noviembre de 2011

El alba prometida

El sábado por la tarde mientras que nuestros respectivos chicos se dividían entre la caza y el fútbol, improvisamos una sesión de cine casero. Con ese halo de excitación de los planes que surgen a última hora, preparamos una infusión de manzana y canela,unas pastas de chocolate y naranja, nuestras niñas bajo el ala, navegando entre la lista de películas grabadas en el plus este último mes. "La tête en friche" (la cabeza en barbecho), traducido extrañamente como "Mis tardes con Margueritte": dirigida por Jean Becker e interpretada por un inmenso (en sentido literal y figurado) Gérard Depardieu y una grandiosa Gisèle Casadesus (no cabrían aquí los adjetivos: bellísima, delicada,cómplice, astuta, deliciosa, seductora...) además de unos actores secundarios fabulosos que reflejan a la perfección los tejemanejes de un pueblecito de provincias francés.
Pero lo más impactante de esta película no es la tremenda relación maternofilial, ni las burlas de los gallitos del pueblo contra Germain, ni su pasado de niño malquerido, sino la enorme ternura que desprende la relación que entabla este hombre inculto de 50 años con una ancianita de 95, que consigue hechizarlo leyéndole "La peste" de Camus, sentados en un banco de piedra a la sombra de un árbol, rodeados de palomas a las que han puesto nombre.
Desde entonces no paro de darle vueltas a la importancia de la ternura en la vida. La que recibimos de nuestra madre al nacer como decía Romain Gary en "La Promesa del Alba" y que él nunca pudo encontrar en brazos de otra mujer...la de nuestro padre guiando nuestros pasos, la de nuestros hijos que va evolucionando a medida que van creciendo, la de los amigos: un guiño cómplice, un instante compartido... por muy duro que uno se vaya haciendo, por muchas corazas que nos ponga la vida, siempre estará la ternura, colándose por los huecos más insospechados y llenándonos los ojos de lágrimas y el corazón de estrellas.


martes, 22 de noviembre de 2011

Siembra

Existen días en los que lo cotidiano adquiere un valor inmenso. De repente todo cobra trascendencia, el tiempo se ralentiza, los ruidos se atenúan como si les hubieran puesto sordina, lo superfluo se resbala y solo queda lo realmente importante, eso que con tanta frecuencia damos por hecho por tenerlo al alcance de la mano, fácil y cercano.
Si abrimos bien los ojos y los sentidos, si nos quedamos un momento quietos y observamos, veremos más allá de la superficie y se desdoblarán las dimensiones como esos libros de 3D que nos obligan a mantener los ojos bizcos hasta colarnos en un mundo mágico que nos engulle hacia un imaginario punto de fuga. El otro lado del espejo donde solo se encuentran un puñado de seres excepcionales. Esas personas que siembran en los corazones ajenos, que se nutren de la belleza de los instantes pequeños, que te recargan el corazón con un generoso abrazo, una carcajada cristalina o una mirada que sabe encontrar su camino hasta lo más profundo de las emociones, por muy laberíntica que sea la vereda.
Si la vida tiene algún sentido, es el de enriquecer la de los que se encuentran  alrededor y eso es lo que haces magistralmente querida Lourdes, sembrando magia, creatividad, ilusión, entusiasmo sin jamás perder la fuerza.
Te quiero amiga, desde el fondo del alma.

lunes, 7 de noviembre de 2011

"Siéntate al sol y abdica". Fernando Pessoa

Tengo dentro de un herbario
una tarde disecada
lila,violeta y dorada.
Caprichos de solitario.

A.Machado