jueves, 14 de julio de 2011

Dulce


Hay días en los que todo parece orquestado por una varita mágica invisible que mueve tus manos a su antojo y que hace que fluya la creatividad y la imaginación, sin ningún esfuerzo, como si aflorara de un manantial inagotable. Metida en la cocina, preparando esa cena tantas veces aplazada, dorando el magret de pato hasta adquirir un color tostado en el exterior y rosado en el corazón, confeccionando la salsa de frambuesas para acompañarlo, dulce y ácida a la vez; sacándole punta a un calabacín para convertirlo en finos espaguetis que saltear en el wok con un chorrito de aceite de sésamo; improvisando una ensalada de langostinos, rúcola, albahaca fresca, naranja, huevos de codorniz, aderezada de un cremoso ajoblanco y divirtiéndome con uno de mis postres favoritos: helado de caramelo salado sobre desmigado de bizcocho con crema de chocolate y palitos de merengue. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto cocinando, un poco de música la varita mágica y yo.





Algunos invitados traen flores,una botella de vino...Tita trajo una bandeja de cruasanes, napolitanas, hojaldres de compota de manzana, caracolas de pasas, mini brioches, todo tipo de panes y una caja de macarons de Tartiflette,su salon de té y espacio gourmet en la Calle el Algabeño 57 y nos hizo volver a la infancia, felicidad completa frente a ese regalo inesperado.




Relamíendome con la idea del pantagruélico desayuno del día siguiente y con la invitación para asistir de jurado en el concurso de tartas de la pastelería El Pozo, una de las más antiguas de Madrid, abierta desde 1830 y cuyos hojaldres hacían las delicias del mismísimo Pío Baroja, me fui a dormir envuelta en sueños de canela, limón y almendra.




Diez tartas, diez...(más unas cuantas fuera de concurso) que valorar, examinar y probar,puntuando la presentación, la originalidad y el sabor. Todo el personal de la pastelería se anima al reto, desde el jefe hasta la señora de la limpieza. Difícil elección, déjame probar un poco más de ésta que no distingo bien el retrogusto... Por fin hay sentencia unánime: la número 13. And the winner is: Basili, pastelero ruso formado en Buenos Aires. Merece la pena un paseíto por el centro ahora que el calor nos da una tregua y hacer un alto en este establecimiento con tanto sabor en todos los sentidos.


 

viernes, 8 de julio de 2011

Poderes



Tumbados sobre el suelo con los ojos cerrados,envueltos por la penumbra,calmada y acompasada la respiración, la mente vuela y se libera. Nos adentramos tranquilos por el camino de tierra, la espalda dolorida por el peso de la voluminosa mochila que llevamos a cuestas, cargada con nuestras preocupaciones, nuestros miedos, nuestras dudas, nuestro dolor, nuestra incertidumbre. Hace calor y el camino es penoso. Nos acompaña el sonido ensordecedor de las cigarras, el olor a higuera y a pino, el polvo rojizo del camino... el sol cae y se levanta una suave brisa, los colores se tornan dorados, violetas, rosados.Por fin, a lo lejos, lo vislumbramos: solemne,hermoso,poderoso y centenario. Dejamos nuestra pesada carga sobre la tierra recién arada. Abrimos la cremallera y vamos sacando todo su contenido. Con cuidado lo colgamos de las ramas del majestuoso árbol. Todo lo que nos tortura y nos angustia, sintiéndonos, en cada gesto,un poco más libres y livianos. Liberados y renovados, abrazamos su áspera y cálida corteza y nos impregnamos de su sólida fuerza arraigándonos íntimamente al suelo, creando raíces con la Naturaleza, nutriéndonos con su salvia y volviendo a la esencia más animal.
Ya es hora de volver: una sonrisa, el alma ligera, el corazón lleno y los pies llenos de Tierra.