domingo, 30 de enero de 2011

Tiempo



Algo que me gustan mucho y que me dejé en el tintero el otro día, son los relojes de cuerda. Quizás sea por romanticismo, pero me encanta sentir su latido, tímido y decidido, su entrañas cuajadas de rubíes, las vueltas de corona cada mañana, 19, 20 y si has dormido de más 22,24, pequeño Pepito grillo que te reprende ¡Levántate vaga, que languidezco! Pero en el fondo lo que más me gusta de ellos es la posibilidad de dejarlos pararse.
Recuerdo a principios de este año, la felicitación de mi sabio amigo J. que me deseaba un año muy lleno, que no relleno. Todo a colación de nuestras conversación sobre lo que me deparaba el 2011: nuevo trabajo en el Cordon Bleu, grabaciones publicitarias, clases de cocina en la escuela, tertulia lingüística, deporte, intendencia casera, fines de semana de mamitaxi, cenas de amigos seducida por el irresistible atractivo de Morfeo...
Esta mañana de domingo, todos atraídos por esta hiperactividad inducida en la que andamos enganchados, me he quedado sola en casa y he decidido no darle cuerda al reloj. Me voy a sentar en mi viejo sofá de forja, desde donde se ve el jardín y voy a dejar el tiempo correr observando el horizonte, hojeando el semanal o meditando. Sin mala conciencia sobre ¡Todo lo que debería estar haciendo!ummmmmmmmm
Ayer delicioso momento volviendo a ver "Azuloscurocasinegro".No llegué al debate, me las ingeniaré para verlo en internet (¿lo vió alguién?). La semana que viene Daniel Sánchez Arévalo estrena peli: "Primos". Otra vez el enigmático Quim Gutiérrez , pero faltará Marta Etura, luminosa y atractiva, cada vez me gusta más esta actriz. Y en tándem con Luis Tosar (que merece un post solo para él).Expresividad máxima en la mirada y química explosiva
¡Como disfruto con el cine! Sugerencias por favor...

domingo, 23 de enero de 2011

Frente al fuego


Me gusta tener una tarde para mi sola sin esperarlo y sentarme a escribir frente al fuego.
No me gustan las reuniones multitudinarias, me anulo, me evado en mi mundo, busco la salida de emergencia como en los aviones.

Me gusta esquiar el día 1 de Enero, la estación desértica, una sensación de libertad total.
No me gusta comer doce uvas para inaugurar el año, me parece de mal gusto e incluso peligroso.

Me gusta sentarme en la playa en pleno invierno y ver a los perros jugando en la playa, su felicidad me contagia.
No me gustan las etiquetas, ni los roles, ni el que dirán, ni el quién es quién.

Me gustan las conferencias sobre economía, aprender cada día, evolucionar.
No soporto la política, sea del color que sea.

Me gusta oler a mis hijos cuando duermen, inspirar profundo y quedarme ese aroma muy dentro
No me gustan las personas que invaden mi espacio con exceso de decibelios o con olor a tabaco o perfume o que me tocan al hablar.

Me gustan los abrazos con sentimiento, los besos de Mariano.
No me gustan los dos besos obligados a todo el mundo, menos aún si te golpean con la mejilla.

Me gusta entusiasmarme con un proyecto nuevo, darle forma y verlo crecer.
No me gusta la rutina, la indiferencia, la resignación.

Me gusta escribir y que me escriban, guardo montones de cartas en una caja de galletas.
No me gusta que me digan te quiero y luego si te he visto no me acuerdo.

Me gustan las relaciones intensas, las conversaciones profundas, disfrutar de la vida.
No me gustan las medias tintas, los convencionalismos, lo políticamente correcto, los más ricos del cementerio.

Me gusta desayunar las sobras de la cena.
No me gusta tomar un café con leche con tostada porque lo haga todo el mundo.

Me gusta el espíritu de familia, de clan.
No me gustan los nacionalismos, tengo alma de Indiana Jones.

Me gusta el agua en todas sus formas, me calma, me revitaliza, me ayuda a fluir.
No me gusta el viento, me crea desasosiego.

Me gustan los espacios abiertos, la Naturaleza.
No me gusta el asfalto, me ahoga, no me gusta el tráfico ni la polución.

Me gustan los animales, observar su comportamiento, su generosidad.
No me gustan los extremos ni las ideas radicales.

Me gusta cocinar y observar la expresión de los que comen.
No me gusta el melón, no me gusta que me griten o que me manden.

Me gusta abrir una botella de vino y hablar de lo divino y de lo humano.
No me gustan los monotemas: futbol, crisis, hombres...

Me gusta navegar, me gusta bucear, me encanta nadar, la sensación de velocidad en el estómago.
No me gusta correr, lo hago como reto conmigo misma.

Me gusta la perseverancia, la fuerza de voluntad, el esfuerzo.
No me gusta la cultura del pelotazo, el síndrome Belén Esteban.

Me encanta el cine, me meto de lleno en el guión, lo vivo en primera persona.
No me gustan los deportes en la tele, prefiero verlo in situ y segregar adrenalina.

Me gustan las sonrisas, las visitas inesperadas, regalar algo sabiendo que acertarás, mirar a los ojos, reír a carcajadas, la música bajita, crear con las manos, llorar de emoción, las sábanas limpias, el olor de pipa, un desayuno de domingo en la cama, leer al sol hasta quedarme dormida, la tortilla del bar Anita, Ibiza...















lunes, 10 de enero de 2011

2011


Pensando en este nuevo año que comienza, me recuerdo de niña pensando en como sería el futuro. Como sería ese año 2000 en el que tendría treinta y tantos años, una auténtica vieja.
Me imaginaba una sociedad avanzada en todos los sentidos, que habríamos aprendidos de nuestros errores y que ya no habría guerras, que no existirían desigualdades, ni hambre en el mundo. Que la ciencia habría conseguido erradicar enfermedades como el cáncer y que la medicina estaría al alcance de todos. Que nos desplazaríamos en vehículos voladores, comeríamos alimentos liofilizados y vestiríamos tejidos de látex. Que utilizaríamos la telepatía para comunicarnos (felicidad absoluta) y el teletransporte para aparecer en el otro lado del planeta en tiempo real o incluso en otros planetas habitados por seres de inteligencia superior.
Entonces, siendo ya adolescente fui al cine a ver Blade Runner y comprendí que era hora de dejar de creer en cuentos de hadas, que el futuro estaría a medio camino entre esos dos mundos: el mío utópico, idealizado e irrealizable y el de Philip Dick rodado por Ridley Scott, claustrofóbico, replicante y decadente.
Mientras tanto habrá que fijar la mirada en lo pequeño, en esas cosas que no se compran con dinero y que dan tanta felicidad: un abrazo con sentimiento, volver a contactar con los amigos después de las vacaciones, un plan improvisado, un paseo bajo la lluvia, oler a mis hijos cuando duermen, cocinar un plato reconfortante y que el aroma invada la casa, que me arropen muy apretada en la cama y que no pueda moverme, unas brasas en la chimenea que escondan patatas y castañas, contar un cuento de hadas y troles perdidos en el bosque, echarle una carrera a la perra o regatearle un balón, buscar una palabra desconocida al azar en el diccionario y inventarse la definición, observar a las personas en una cola y adivinar sus pensamientos, poner una canción a todo volumen y cantarla aún sin saber la letra... eso no nos lo quitará ninguna crisis económica.
¡Buena onda a todos y que nos quiten lo bailao!