viernes, 30 de abril de 2010

Une hirondelle ne fait pas le printemps...

Curiosamente ayer, en el intervalo de unas pocas horas, dos personas me dijeron este refrán: Una golondrina no hace verano (primavera en francés). Sí, supongo que aún tengo que aprender de la experiencia y dejar de ser una "cagaleches". Pero parece que con la nueva estación renace el apetito y bullen mil proyectos en mi cabeza.
Mi pequeña hirondelle llegó a su nido al otro lado del Atlántico, quizá fuera ella quien me trajera la primavera, con sus profundos y serenos ojos negros, su dulzura, sus abrazos y su energía pausada y cálida.

domingo, 25 de abril de 2010

Explosíón de violeta en mi jardín










Y aún no han florecido los iris, las abelias, las hortensias, las rosas, las adelfas...los pinos y los no pinos.

Tan solo han faltado las violetas a la cita, mis preferidas. Estas son gallegiñas...

viernes, 23 de abril de 2010

Homenajes




En lugar de un libro y una rosa, hoy nos hemos regalado un desayuno entre amigas. Y entre cruasanes, napolitanas, sobao, tostadas y unas cuantos manjares más, tiempo para confidencias, risas y consejos, bajo la atónita mirada de Inés. Si, nosotras también hemos sido adolescentes y aún estamos vivas y sentimos curiosidad por todo lo que nos rodea. Aunque mejor si es acompañadas de buenos amigos con quien compartirlo.

martes, 20 de abril de 2010

Volverán las oscuras golondrinas...



Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y, otra vez, con el ala a sus cristales

jugando llamarán...



Por unos días tengo en casa a mi pequeña golondrina. Vuelvo a ronronear junto a mis tres cachorros.


Y de nuevo se demuestra el gran valor de la amistad, gracias Rocío, María, Carmen, Berta, Clara y Elena por mantener vivo vuestro cariño hacia Inés, organizar esta fiesta sorpresa y hacer que las estrellas brillaran de nuevo en sus ojos :)




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domingo, 18 de abril de 2010

A pesar de los tránsitos de Urano

Y en este momento en pleno tránsito de Urano en el que siento que la tierra desaparece bajo mis pies, apareces tú con ésta maravillosa bandeja pulida y pintada con tu esfuerzo, eligiendo los motivos que más me gustan y los colores de las paredes de la habitación. Y yo me quedo ahí clavada al suelo, como un pasmarote, emocionada, tocada y hundida al recibir este regalo inesperado ¡Gracias María!
Entre los celtas las mariposas tenían una simbología concreta, representaban su creencia en la existencia de las hadas. Según nos cuentan las leyendas los seres feéricos deambulan entre ruinas antiguas y montículos de colinas, resguardados por las coberturas de hiedra que se extienden por doquier. La mariposa es símbolo de los "sidhe" y representa una metamorfosis, una transición metafórica de los espíritus que esperan renacer, "morir" en el Otro Mundo, para, nacer en este, en un perpetuo intercambio. Está asociada a los viajes entre los mundos en busca del conocimiento, atravesando fronteras y con las experiencias propias de la inconsciencia que nos enriquecen.
Y por último un haiku para tus libélulas:
"En esos momentos de encuentro
entre la luna que sale y el sol que entra
las rojas libélulas".

sábado, 10 de abril de 2010

Un petit bistrot comme en Provence


Soñando despierta con ese pequeño bistrot, acogedor, alegre, al que pudieran acudir los amigos a relajarse y disfrutar de unos cuantos platos sencillos: ensaladas, patés caseros, unas cuantas especialidades a elegir, buen pan, tartas caseras, croissants, brioches, cremoso café...


Y ver el tiempo pasar con una copa de vino en la mano...


Una gran pizarra para actualizar las sugerencias del día, con esa letra francesa que me enseñaron en la infancia...


Provenza, Paris, Copenhague, Estrasburgo: terracitas, en las que descansar tras un largo día de pateo. Rayos de sol, una manta sobre la silla para arroparse, velas para iluminar y calentar el ambiente en un triste día de frío según el destino...


No puede faltar el mantel rojo de vichy, esta vez anudado a la mesa para que no salga volando con una ráfaga de Mistral.



Balthazar tras su mostrador en su pequeño restaurante de Saignon, su mujer a los fogones y el atendiendo al publico ataviado de su delantal de lino y una gran sonrisa. Flores secas colgando de las vigas y unos platos de pato para quitar el sentido.


Sencillo y apetitoso, pissaladières, quiches...



Un cartelito colgante que anuncie las delicias a descubrir en el interior, solo desveladas por el dulce olor a croissant, y chocolatine.




Pan recién hecho, bocadillos rebosantes y aroma a harina tostada.





Escaparates cuidados, hierbas frescas y pequeñas sorpresas...


Pero este rinconcito en Isle sur la Sorgue es el que realmente me hace soñar ¿Como quedaría algo así sobre el perfil del nuevo Manzanares?